Cada escultura comienza con la búsqueda y selección de materiales metálicos que han cumplido su función original. Utilizamos componentes provenientes de maquinaria, vehículos, motocicletas, bicicletas, herramientas y otros elementos industriales que encuentran una nueva oportunidad a través del arte.
Sin embargo, no todas las piezas son aptas para formar parte de una escultura. La selección depende de factores como su forma, resistencia, textura, estado de conservación y potencial visual. En muchas ocasiones, una pieza es elegida no por lo que fue, sino por lo que puede llegar a representar dentro de la obra.
Cada componente es inspeccionado cuidadosamente antes de incorporarse al proceso creativo. Engranajes, cadenas, rodamientos, tornillos, piezas automotrices y otros elementos metálicos son clasificados y preparados de acuerdo con sus características.
La limpieza y recuperación del material se realiza de forma manual mediante herramientas como lijas, gratas y procesos mecánicos que permiten retirar impurezas y preservar las propiedades del metal. Este proceso evita el uso de lavados que puedan generar vertimientos contaminantes, reduciendo así el impacto sobre los recursos hídricos.
Las esculturas son construidas pieza a pieza mediante procesos de conformado, ajuste y soldadura.
No trabajamos con obras de manera idéntica; cada creación responde a una visión artística particular y a las posibilidades que ofrecen los materiales seleccionados.
La interacción entre diseño, técnica y material permite que cada escultura adquiera una identidad propia, convirtiendo componentes industriales en figuras cargadas de significado, expresión y carácter.
Lo que alguna vez hizo parte de una máquina, un vehículo, una bicicleta o incluso una aeronave, puede convertirse en una obra de arte.
A través de la creatividad y el trabajo del metal, materiales que han concluido su ciclo funcional adquieren una nueva vida y una nueva historia.Cada escultura representa la posibilidad de transformar lo ordinario en algo extraordinario.